Marineros,
aventureros, comerciantes, la mitad de los que vivían en las cárceles españolas,
invadieron las carabelas, poblándolas de sueños, luego de que Cristóbal Colón
marcara por España un nuevo sendero marítimo.
El viaje no tenía nada de cómodo, los barcos por su tamaño y peso, eran juguetes
del mar.
Se sabía si, cuando se partía, pero nunca cuando se llegaba, los vientos indomables
eran caprichosos y los mapas y las estrellas con su continuo cambiar de lugar,
despistaba a cualquiera. Y así, tres siglos después, llegaron a lo que primero
llamaron “Mar Dulce”, luego el “Río de Solis” y terminó llamándose “Río
De La Plata”
A orillas de éste, en el sector conocido como el “Riachuelo de los Navíos”,
cuyas aguas llegaban hasta las barrancas del actual Parque Lezama, se comenzó
a levantar un caserío y un puerto, al que pomposamente se lo llamó “Puerto
de la Trinidad de la Ciudad de Santa María de los Buenos Aires”, en principio
un desembarcadero, que vivió del contrabando de mercaderías de Potosí y Tucumán,
y de negros y esclavos, capturados en Africa y vendidos aquí como esclavos.
Buenos Aires crecía y más cuando la Corona Real lo reconoce como puerto de
carga y descarga y autoriza el funcionamiento de una Aduana.
A principio de 1700 y de esta historia, Buenos Aires no tenía nivel urbanístico,
hay pocas casas de ladrillos y tejas, la mayoría que conforma lo suburbano,
son de adobe, palo y paja, las calles son todas de tierra, desparejas, con
huellones y en la mayoría, corre el agua por ellas. El agua, tanto la que
se usa para beber, hacer alimentos y usos diarios, es extraída directamente
desde el propio Río de la Plata
La ciudad, llamándola así se extiende desde las Barracas del Riachuelo de
los Navíos, por la costa del Río de La Plata hasta la altura de Avenida de
Mayo y Hasta Piedras (actuales).
Luego hay rancheríos que se van desperdigando, hasta formar una llanura de
baldíos, malezas y soledad.
Al aborigen (el Pampa) lo tienen controlado, son varios los fortines que vigilan
las cercanías, si en esos tiempos se puede llamar así, son edificaciones precarias,
adobe, palo y paja y un zanjón en su derredor, hacia el oeste están los Arce
(Morón) Luján y Mercedes, su misión consistía en el disparo de cañón en señal
de alarma, si la pampa “se movía”, era indicación que el malón se acercaba.
Desde Buenos Aires, hacia el oeste, partía lo que llamaban como “Camino Real”
era el sendero utilizado y único autorizado para el transporte de mercaderías
hacia las provincias del Norte, a la Capitanía General de Chile y a los pueblo
del Alto Perú.
España, para facilitar la organización y el control de sus colonias en estas
tierras, ordenó dividirlos en Curatos.
La primera intentona se produce en el mes de marzo de 1637, cuando gobernaba
en nombre del rey, Pedro Estaban Davila quien convocó a los clérigos, no llegándose
a concretar el documento decía: “Nos. El Mtro. Don Cristóbal de Aresti,
por la divina misericordia, Obispo del Paraguay, Gobernador y electo del Río
de La Plata, del Consejo de su Majestad: A todos los clérigos de éste obispado,
hacemos saber como para la buena administración de los Santos Sacramentos
emos erigido tres doctrinas y curatos en las chacras de esta Ciudad de la
Trinidad y Puerto de Buenos Aires. La una en el pago de Magdalena y Matanza,
con una iglesia en cada una y la otra en Monte Grande y parte de Las Conchas,
con otras dos iglesias y la última y restante de Las Conchas y de la otra
banda del Río y en el Río Luxan y sus añejos….”
Este mandato no fue cumplido, los Curatos no se establecieron y las iglesias
no fueron construidas.
En esos tiempos, los más grandes solares, por determinación real, se entregaban
en pago de servicios a la Corona y así comenzó a llamarse “pagos”, y fueron
lo más reconocidos, Los de Las Conchas, la Matanza, de Areco, de la Costa,
Magdalena, Quilmas, etc.
En el próximo capítulo, comenzaremos a ocuparnos de todo lo referente
a nuestro pueblo.